No es la mejor, es la mia.

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lunes, 21 de octubre de 2013

Relatos: Ana

 


Mientras subía las escaleras de su casa, los tres pisos se le hacían interminables, se sentía muy cansada. Había sido un día muy largo, además se tomó dos copas de ron con Inés una vez cerrado el Miss lo que aumentaba la sensación de cansancio le dolían tremendamente los pies, solo pensaba en meterse en la cama y descansar.

Mientras metía la llave la puerta esta se abrió, casi se cae por la violencia con que fue abierta. Ahí estaba su padre delante de ella, con odio en la mirada, observándola, vestido con una simple camiseta interior y un pantalón vaquero, su metro 80 de estatura, sus marcadas facciones y sus ojos negros y llenos de odio se posaban sobre Ana de manera amenazante.

Sin darla tiempo a reaccionar la callo el primer golpe, una fuerte bofetada que la tiro al suelo con mucha violencia, las llaves que estaban en su mano salieron disparadas y fueron a caerse por el hueco de la escalera al caer resonaron en la cabeza de Ana mientras su boca le sabia sangre y un leve hilo de color rojo salía de su boca le había partido labio.

Puta ¿de dónde vienes a estas horas?-.dijo Antonio con un tono de voz roto, mientras se agachaba y agarraba fuertemente del pelo a su hija.- No me gusta que mi hijita este hasta tan tarde por ahí.-. Su aliento olía a alcohol y a tabaco -. ¿O es que mi niña tiene un novio y se olvida de papi?-, su mano se posó sobre las rodillas de Ana e iban subiendo hacia sus muslos.

Ana intentaba apartar, tímidamente y sin ninguna convicción, las manos de su padre que la tocaban peligrosamente los muslos hacia sus zonas íntimas, un no ahogado salió de su voz, mientras su padre más violentamente cada vez intentaba tocarla. Como enfadado porque su hija intentara defenderse aunque fuera de esa manera tan liviana, se levantó y se quedó de pie frente a ella, que permanecía en el suelo con la mirada fija en el suelo petrificada por el miedo. Sin mediar palabra le propino una dura patada en el estómago que hizo retorcerse de dolor a Ana.

¡Zorra!-.Dijo con una voz fuera de sí, tan alejada de aquella voz cálida y dulce que contaba cuentos a Ana y la hacía dormir profundamente. Pisó la mano de Ana y apretó tanto que ella pensaba que se le estaban rompiendo los huesos que hizo que gritara de dolor. Al levantar el pie, Ana pensó que no volvería a poder moverla nunca más, le dolía tantísimo que sentía que estaba a punto de desmayarse, pero aun tuvo que aguantar otra fuerte patada en su pecho, antes de que su padre pegara un portazo y la dejase ahí, inmóvil en el suelo, con el cuerpo dolorido por las patadas, con sangre de su labio partido y con su mano izquierda que apenas sentía.

Se levantó como pudo agarrándose de la barandilla de la escalera con su mano derecha, mientras con la izquierda la que había sufrido el pisotón la coloco sobre su estómago. Empezó a descender por la escalera, no podía volver a su casa con su padre en ese estado la golpearía más, tampoco quería, necesitaba aire. Bajaba los escalones uno a uno, con paso lento, los minutos que tardo en salir a la calle le parecieron eternos.

Una vez en el exterior con el mismo paso lento que había bajado las escaleras, camino hasta el parque a unos 50 metros de su casa. En el parque el frio se hacía más intenso pero ella apenas lo sentía, apenas sentía nada ni si quiera el dolor, todo estaba oscuro. Apenas unas cuantas farolas alumbraban la penumbra. Se sentó en un banco con las piernas encima, acurrucada metió la cabeza entre ellas, y rompió a llorar.

martes, 16 de julio de 2013

Mi sombra y yo




Al llegar a mi casa y precisamente en el momento de abrir la puerta me vi salir. Intrigado decidí seguirme.



Me vi pulsando compulsivamente el botón del ascenso y mi cara de enfado al comprobar que no llegaba. Algunas veces durante la espera levantaba la mano izquierda y remangándome la chaqueta miraba el reloj. Es evidente que llegaba tarde a algún lugar, pero no tenía ni la más remota idea de a donde me dirigía. Cansado de esperar baje rápidamente las escaleras sin detenerme en ningún momento y yo me seguía.

Me vi salir abriendo la puerta de la calle, me fije fuera llovía torrencialmente.
 
Pensé en mi otro yo, el que acaba de salir hacia la tormenta, me iba a mojar y era algo que no me gustaría, además llevaba mi traje negro de vestir que me regalo mi madre el día de mi trigésimo cumpleaños con lo que mi humor al sentir la lluvia mojándome seguro que iría a peor.



Antes de salir a la lluviosa noche para seguirme a mí mismo, me detuve a reflexionar en la extraña situación. Intente recordar de donde venía cuando me encontré a mí mismo saliendo de casa, pero no conseguí hacerlo, era algo tan surrealista que por un momento me sentí abrumado. Pero por extraño que parezca esa sensación me duro poco tiempo, la curiosidad de ver hacia donde me dirigía pudo más.

Salí a la calle y me visualice caminaba velozmente hacia la entrada del metro intentado que mi ropa quedara lo más seca posible después del paseo bajo la lluvia.

Seguí mis pasos y sentí algo muy extraño, pese a que la lluvia caía violentamente sobre el asfalto y sobre mí no sentía mojarme y mi ropa estaba completamente seca.

En el metro estuve cerca de mí, incluso mirando pero parecía como si no me percatara de mi propia presencia. Intente comunicarme conmigo mismo pero no lo conseguía, intenta tocarme pero no sentía mi contacto. Cansado de mis intentos frustrados de comunicarme caí abatido sobre el frio suelo metálico del vagón, a mi izquierda.

Sin motivo aparente ahí tirado en el suelo del metro, me invadió una gran somnolencia y en ese momento se apodero de mí un miedo irracional hacia la situación que como un flash de una vieja cámara fotográfica acaba de revelarse en mi cabeza.

Mientras empezaba a caer en un estado de semiinconsciencia con los ojos ya cerrados, escuche una fuerte explosión, no quise abrir los ojos para comprobar lo que sucedía a mi alrededor además tampoco habría podio me sentía sin fuerza incluso para ese pequeño gesto.

Escuchando los gritos desesperados de pánico a mi alrededor tuve mi último pensamiento, antes de que me invadiera por completo la oscuridad quizás para siempre, fue para aquella deseada cita a la que me dirigía cuando sucedido el incidente del metro, esa cita que podía haber cambiado mi vida, pero eso algo que ya no tenia.




 

viernes, 12 de julio de 2013

Relato corto: La fuga.

Las cuatro jóvenes se dirigían a hurtadillas hacia la clase “19”, aquella que tenía un gran ventanal y que María había dejado disimuladamente un poco abierto.

Todas habían sido criadas para lo mismo, para ser las acompañantes ideales de los hombres de la alta burguesía. Sus familias tenían la esperanza de que así podrían tener un buen futuro, incluso de rebote ellos también, y aunque era muy costoso esperaban sacar beneficio cuando ellas estuviesen en edad de casarse, además las medidas de protección del internado eran muy estrictas y aseguraban que todas ellas llegarán a ese momento totalmente puras.

Pero ellas se negaban en redondo a que su vida fuese programada de esa forma, querían vivir libres y eran las únicas entre las más de 100 alumnas, el lavado de cerebro al que eran sometidas constantemente era muy efectivo.

Saltaron por el amplio ventanal hacia el exterior y en el mismo momento en que cada una de ellas ponía sus pies en el suelo corría desesperadamente hacia su preciada libertad.

Inés presa de la fatiga no pudo seguir el ritmo que llevaban sus compañeras y se dejo atrapar por los vigilantes que ya iban en pos de las chicas. Fue un gesto noble, una vocecita en su cabeza le susurró “cede tu libertad a cambio de que tus amigas tengan una oportunidad”.

Ninguna de las beneficiarias del gran gesto de amistad que acaba de realizar Inés se dio cuenta del mismo, estaban demasiado ocupadas intentando vencer al cansancio que poco a poco las iba invadiendo. Delante de ellas apareció Luis, el sucio conserje, en posición de atacar a la que intentara franquear la puerta que el custodiaba. Se miraron y con solo este gesto supieron que debían hacer, lanzarse las tres a la vez hacia la puerta y el “judío” solo podría atrapar a una de ellas.

Así fue y la pobre Paula se quedo pataleando mientras Luis la agarraba con fuerza aguantando sus envestidas desesperadas por escapar de él.

Lo consiguieron, aunque fuese ellas dos solas, estaban fuera de los muros de aquella cárcel de libros y educación femenina, pasaron por el paso subterráneo que comunicaba el recinto escolar con el centro de la ciudad, en el nunca había vigilancia pero debían ser prudentes.

Ya fuera en pleno bullicio de la gran urbe. Respiraban excitadas. Hacía tiempo que no estaban en  lugar como ese, incluso María no recordaba haber estado nunca en un sitio tan abierto se había pasado la vida encerrada entre muros del internado o de su casa.

Voy a volver, tengo mucho miedo-. Con estas simples palabras se despidió y tomaba otra vez el camino que habían recorrido pero en sentido contrario.

Silvia quería haberla detenido, haberla gritado, chillado o intentado convencer, pero sabia que María eran tan obstinada que si había tomado la determinación de volver y de una vez conseguido ese objetivo por el que lucho dejarlo a un lado, no podría hacer nada.

Así se quedo sola, estaba asustada, sin saber que hacer ,ni a donde ir, .Emitió un tímido suspiro y comprendió en ese instante que eso que estaba sintiendo por primera vez era la libertad y rompió a llorar.

miércoles, 17 de abril de 2013

Relato: El bosque. Segunda Parte(FIN)


Brian llego sobre las cuatro de la tarde a la casa de su hermano. Había salido a las tres de la tarde despacho de abogados y decidió hacerle una visita. La casa de tres pisos se alzaba imponente y solitaria rodeada de campos de trigo, su visión produjo en Brian una gran nostalgia, se recordó a si mismo jugando entre los trigales con John mientras sus padres les observaban desde el porche sentados en una mecedora.

Le abrió la puerta Sally, terriblemente bella ataviada con un camisón blanco de tirantes y con el pelo suelto cayéndole sobre los hombros .Le índico que su hermano todavía no había llegado y le invito a pasar y esperarle tomando un café, Brian acepto. Durante un rato estuvieron charlando sentados en el viejo sofá desgastado uno al lado del otro. No podía dejar de fijarse en sus pequeños pechos que se marcaban a través del camisón, durante bastante tiempo estuvo intentado contener la tentación de besarla, no lo consiguió. Sally se aparto le rechazo y le dijo que se fuera de allí. Brian monto en cólera, si lo estas desando tanto como yo, siempre me has querido a mi gritaba. Ante aquel ataque de furia Sally se levanto para marcharse pero sintió que la cogía de la muñeca, de pronto una fuerte bofetada impacto en su cara, su indignación dio paso a un terrible miedo. Más golpes golpearon su cara y empezó a notar el sabor a sangre en su boca.
La llevo arrastrando del pelo hasta la segunda habitación la que un día fuera suya, por el camino ella gritaba pataleaba pero él no hacía caso. Una vez allí, la arranco el blanco camisón de un fuerte tirón y vio por fin aquel cuerpo que durante tanto años había deseado ver y ahora era suyo, como el siempre había predicho que seria. Ella lloraba, a Brian que lo hiciera le ponía aun más nervios y seguía pegándola, quería hacerla callar. La tiró sobre la cama boca abajo bajo su pantalón y empezó a violarla .Ella se resistía pero él era mucho más grande y fuerte que ella y todo intento era inútil. Cansado de escuchar sus gritos empujo su cara contra los cojines con mucha fuerza así por fin consiguió dejar de oír sus quejas.
Cuando sus deseos de poseerla estuvieron satisfechos ya era tarde para la pobre Sally ya no respiraba. Brian la puso boca arriba y la miro. Aun con la cara de un azul pálido, una muesca de dolor en su boca y la sangre que le brotaba de la nariz y la boca, la encontraba tremendamente bella .Se subió los pantalones, la dio un beso en los labios y se dispuso a marcharse.
Cuando iba salió por la puerta se encontró de frente con John, que lo saludó normalmente, el respondió de la misma manera. Su hermano le dijo que iba a saludar a Sally y que ahora estaría con él. Fue el momento que Brian aprovecho para escapar de allí.
Una vez fuera de la casa, se dirigió rápidamente al coche. Busco furiosamente las llaves de su viejo Cadillac en los bolsillos no estaban. No podía volver a casa a buscarlas, miró alrededor y la única alternativa que vio fue correr hacia el bosque ahí quizás tuviera una oportunidad o quizás John no le persiguiera.
Nada más introducirse en el bosque, cuando los primeros sauces y robles le cubrían, escucho un grito salvaje. Supo que iría en su busca y empezó a correr salvajemente.
Cuando recupero el conocimiento sentía un dolor intenso en la parte izquierda de su cabeza, estaba mojado y sentía la lluvia caer con fuerza sobre su rostro. Al abrir los ojos vio a su hermano ataviado con su ropa de caza, le estaba mirando con odio, nunca le había mirado así. Intento incorporarse pero su cuerpo no respondía, no sabía si debido al disparo en su pierna o a las escasas fuerzas de las que disponía en esos momentos. John se acerco a él y saco de su mochila y se la ofreció.
Bebe-. Dijo con tono tranquilo, un tono que a Brian le asusto de una forma que ningún grito o amenaza lo hubiera hecho.
Estaba sediento, casi termino con la botella en un solo trago.
¿Por qué John? ¿Por qué estoy vivo todavía? ¿Por no has acabado conmigo? –Desde que había recuperado la consciencia, estas dudas no paraba de dar danzar por su mente-. ¿Acaso me perdonas la vida después de lo que hecho?
No te engañes hermano-. Contesto con el mismo tono tranquilo, mientras caminaba en pequeños círculos -. Lo que has hecho se merece la muerte y la tendrás, pero padre me enseño que hasta la más miserable de las criaturas merecía una muerte digna y por la espalda o mientras estabas inconsciente no lo hubiese sido. Además deseo mirarte a los ojos  mientras lo hago.
En ese momento Brian comprendo que era el final, su vida acabaría allí mismo en aquel bosque .Pese a todo no había ni una lagrima en sus ojos. Incluso una media sonrisa se apareció en su rostro al comprenderlo todo, si lo hubiese hecho antes no habría  huido se habría  quitado el mismo la vida para que su hermano no tuviera que hacerlo. Si el moriría, pero merecía la pena morir por un motivo así. Su objetivo vital desde que la conoció había sido poseerla y lo consiguió, ya no había nada que el atase a este mundo.
John saco un viejo revolver de uno de los compartimentos de su amplia chaquete, Brian lo reconoció al instante, era el mismo con el que había visto matar a su padre a Maní por morder a la gorda de Tía Frida arrancándole dos dedos de su mano izquierda. Irónico pensó, la vida convirtió a su hermano en la viva imagen de su padre y a él, a él a un simple Pastor Belga al que van a sacrificar.
El arma apunto a la cabeza de Brian, la mano de su hermano temblaba y las lágrimas caían por sus rosadas mejillas. Ambos pensaban lo mismo cuando llego el momento final, en los ojos verdes de Sally, su Sally.
 

lunes, 25 de marzo de 2013

Relato: El bosque: Primera parte.


La oscuridad a su alrededor empezaba a envolverle poco a poco, apoyado en un viejo roble con la cabeza agachada intentaba recuperar el aliento. Llevaba muchas horas huyendo por aquel frondoso bosque y un cansancio extremo empezaba a apoderarse de él.
Miró al cielo crepuscular, la noche no tardaría en llegar y un dilema le rondaba la cabeza. Parar a descansar o continuar con su huida durante la noche. Nunca había sido un hombre demasiado fuerte ni resistente con lo que la idea de no detenerse se le antojo imposible, pero si intentaría demorar ese momento todo lo posible.

Reanudo la marcha. Ya no corría furiosamente como lo hiciera en las primeras horas pero sus pasos se sucedían a un ritmo bastante fuerte. Caminaba en la medida de lo posible en línea recta, hacia el norte, donde suponía que se encontraba la ciudad y con ella su posible salvación en aquel bosque sus posibilidades de sobrevivir eran prácticamente nulas.

Después de otra hora más de caminar incesantemente. La claridad se había ido por completo y las pocas estrellas del firmamento no eran suficientes para poder continuar. Era el momento de parar a descansar. Dirigió su mirada atrás hacia el camino recorrido y creyó distinguir una pequeña luz anaranjada a unos kilómetros, esta desapareció a los pocos segundos. Es el pensó.

Se cobijo en una pequeña cueva que se encontró a la izquierda del imaginario camino que seguía. Dentro se sintió protegido del intenso viento que soplaba fuera y que había comenzado a alzarse con la caída de la noche. Se tumbó sobre unas ramas secas que el viento había arrastrado hacia el interior de la cueva. Durante todo el día su cabeza había estado ocupada pensando en la forma de huir y ahora que la oscuridad y el cansancio le impedían hacerlo, el miedo surgía desde lo más adentro de su ser y le cortaba el aliento. Temía porque su perseguidor no descansara y le diese caza pero temía sobre todo por su vida. Intento respirar sosegadamente y parar el ataque de pánico que en aquellos momentos estaba pasando. Empezó a pensar en Sally, su Sally y la visión de sus pequeños ojos verdes mirándole fijantemente con deseo, sentada al lado de su hermano, con un fino traje de encaje blanco que realzaba aquella fina figura. Recordó su voz suave y dulce que cada vez que se dirigía a él conseguía que el corazón le latiera con muchas fuerza. Con aquellas partes de su pasado pasando por su mente consiguió vencer la ansiedad y tranquilizarse, saldría de esta se prometió. El sueño le cogió en sus brazos por una última vez.

Se despertó al alba y lo primero que sintió fue humedad, una humedad que le calaba hasta los huesos, cada movimiento provocaba un dolor frio en su interior. Fuera de la angosta cueva que le había servido de refugio durante la noche, llovía intensamente. Con sólo dar unos pocos pasos, el traje negro de chaqueta con corbata azul a rayas ya estaba empapado. Sobre el cielo una columna de humo gris surgía desde un lugar hacia el sur de donde se encontraba. Era su perseguidor no había duda, no le importaba que el fuego delatase que estaba ahí al acecho incluso seguro que deseaba que su presa le sintiera ahí cerca muy cerca.

Brian comenzó el tortuoso camino hacia la ciudad, se le hacía complicado avanzar la lluvia había convertido en barro la tierra que pisaba y sus mocasines negros se hundían en el, además el camino ya no era llano comenzaba a ascender una alta colina. Avanzaba lo más rápido que las difíciles circunstancias le permitían. Ahora sentía la presencia del cazador a poca distancia. Al principio pensó que su mente le estaba jugando una mala pasada que no esta tan cerca como le sentía, pero varios sonidos entre la lluvia de pisada y hojas caer le convencieron de que estaba ahí y le atraparía.

Mientras ascendía empezó a recordar el día que conoció a Sally. Estaba allí junto a John con su pelo caoba cayéndole sobre el negro vestido de seda. John pronuncio su nombre y ella con un gesto tímido se acerco a él y con sus finos labios rosados le dio dos húmedos besos sobre sus mejillas, supo en ese instante que tenía que ser suya. Pasaron la tarde los tres en la casa familiar, su hermano preguntándole y queriendo saber todo lo que había sucedido durante ese año que no se habían visto, ella callada con las piernas cruzadas escuchando con atención y el estudiando cada gesto de la que en su interior ya era su Sally.

Llego a la cima de la colina, desde ahí arriba se observaba la silueta lejana de la ciudad, una inmensa felicidad le recorrió por dentro. Debía tener un aspecto terrible, empapado con los pantalones llenos de barro hasta casi las rodillas, estaba cansado, tenía miedo y sentía un hambre terrible pero durante un momento aquello no le importo. Estaba cerca de poder dejar atrás el bosque y salvar su vida .Camino con aquella sensación dentro hasta el otro extremo de la colina. La bajada se hacía casi vertical y con enormes piedras por todas partes .Mientras estaba pensado la forma en que afrontaría el descenso, un estruendo seco sonó a su espalda y al instante un fuerte dolor le invadió la pierna derecha. Empezó a dejar de sentirla, perdió el equilibrio y cayó hacia el precipicio que tenía delante. Un disparo en la pierna, una caída de cinco metros y un fuerte golpe en la cabeza no fueron suficientes para acabar con él, pero si para que perdiera el conocimiento.